Valentía social, Ser y poder ser. directorio@redescritoresespa.com

Una sociedad valiente explora todos los campos,

¡también! los que le transcienden,

su meta es estar consciente durante su efímero espacio

rechazando jerarquías busca la sabiduría.

Las nuevas tecnologías facilitan abundancia material

y construyen igualdad,

la armonía en los momentos facilitan los intentos.

Ser y poder ser, narrativa utópica

Nely García

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Avatares de la vida, narrativa publicada, ebook y papel. amazon.es (fragmento III)

Los días siguientes Elisa los dedicó a leer el manuscrito y añadió algunas cosas. El relato plasmaba los años que vivieron juntos y alguna referencia del pasado. Fue en ese capítulo donde ella añadió alguna cosa.

Unos días más tarde tuvo otro sueño que la dejó intrigada. Estaba sentada en la cima de un monte y en el valle, a lo lejos percibía a una multitud de personas y animales que se desplazaban con frenesí. Estaba absorta en la contemplación cuando observó a un hermoso corzo que se acercaba, cuando se encontró cerca de ella le habló sin palabras y comprendió lo que le decía sin utilizar ningún sonido: —lo que ves es el flujo de la vida en su constante movimiento ¡fíjate bien!— Elisa enfocó con precisión el valle y observó cómo algunos caían en una profundidad invisible y desaparecían, mientras otros continuaban moviéndose y agitándose: había personas mayores, jóvenes, niños, humanos de todas las edades, y toda clase de animales. En apariencia todos caminaban al mismo ritmo. El corzo que había leído su pensamiento volvió a hablar, —si te fijas bien podrás ver que el ritmo no es el mismo ¡vamos a acercarnos un poco!—. En efecto, de cerca se percibían a los humanos inmersos en conseguir toda clase de deseos, poder, amor, dinero y reconocimiento, entre otras cosas bien conocidas por Elisa, mientras que los animales más relajados se interesaban en alimentarse y reproducirse. Parecía que sus vivencias eran largas, pero vistas desde lo alto se apreciaba su brevedad. Al final de la carrera solo iban quedando algunos muy fatigados, que inexorablemente también caían en la profundidad, mientras que nuevos flujos nacían e iniciaban el recorrido. —¿Es eso la vida? —preguntó Elisa con su pensamiento —¡creo que sí! —dijo el corzo, y la profundidad es la muerte. Lo más sorprendente es que los humanos están tan absortos en conseguir sus anhelos que se olvidan de vivir, actúan como si fueran inmortales y sin darse cuenta llegan al final sin haber aprovechado las posibilidades del camino, ni haber apreciado o conocido, lo que les rodea. Aunque algunos experimentan sufrimientos exagerados, y otros, alegrías insospechadas debido a una desigualdad que seguramente, el conocimiento superior adquirido o la ignorancia, tienen mucho que ver. Al final de esas palabras el corzo se esfumó y Elisa despertó.

 

Prólogo e introducción de mi novela, “Avatares de la vida” publicada en Amazon.es, ebook y tapa blanda.

                                           Prólogo

Elisa y Antonio comienzan el camino de su vida por separado con historias banales y diferentes: en ellas experimentan acontecimientos de la existencia que incluyen los avatares conocidos como amores, fracasos, dificultades …. Que los dos compaginan en sus vivencias cotidianas con inquietudes existenciales, y ansias de conocimiento.

En el ocaso de sus vidas se encuentran y viven una experiencia amorosa racional, al mismo tiempo que comparten sus anhelos transcendentes sin fanatismo y con naturalidad.

Cuando están cerca del final de sus caminos serenos y confiados, la separación se impone por el deterioro vital. Elisa que sobrevive un tiempo más analiza sus vivencias pasadas llegando a la conclusión de que continúa igual de ignorante y sin embargo, no es la misma. Se da cuenta al observar a sus semejantes, de que las personas independientemente de los entresijos o dificultades, experimentadas durante el trayecto, en los últimos pasos de sus existencias todas son igual de importantes.

El relato plasma la madurez y maestría de dos personas durante el trayecto vital acentuándose en el último, donde los jóvenes si tienen el privilegio de acumular años también vivirán. Sobre ese tema se ha escrito muy poco, dando a entender que las experiencias de las personas con arrugas no importan.

 

                                                         Introducción

 

    Mientras camino por la vereda del río en la ciudad pienso en mis actividades recientes. Hace unos meses que me falta la energía necesaria para escribir y estoy sumida en una rutina un tanto aburrida entrelazada con reflexiones existenciales. Mientras observo el paisaje con el cántico de los pájaros, el murmullo del agua, la esbelta silueta de los chopos, con un sol que ilumina lánguido en el final de la tarde e invita a la ensoñación. Sigo el trayecto ignorando la presencia de algún paseante con los auriculares puestos o concentrado en su propio caminar, mi mente ha recordado a los personajes de esta novela escrita hace más de un año y que reposaba entre mis documentos. En ella por medio de un narrador que tiene mucha similitud conmigo misma, plasmo las vivencias de dos personas desde su adolescencia, hasta la última etapa de sus vidas, inspirándome en experiencias de mi entorno y añadiendo mis propias fantasías.

Los protagonistas <en especial Elisa> tienen inquietudes místicas o transcendentes, y se entremezclan tímidamente entre los relatos puramente racionales.

El mundo avanza a un ritmo vertiginoso en el dos mil diecisiete y mi pensamiento también. Cuando plasmo las percepciones tengo la esperanza de que otros las lean y analicen el contenido: pienso que la mayoría de escritores esperan lo mismo y si no lo consiguen, piensan que quizás generaciones futuras lo hagan. Confieso que esa perspectiva me ha ayudado algunas veces, pero hace algunos días que empiezo a cuestionar la racionalidad del tiempo. Todo lo que hago, pienso o percibo ¿es real?, ¿puede suceder que cuando mi consciencia se agote por la muerte del cuerpo, todo lo vivido o pensado, incluido el entorno con las personas, los trabajos literarios o de otra índole, también mueran? Esa posibilidad anula toda esperanza de que futuras generaciones lean las obras porque esas supuestas sociedades solo estaban en mis pensamientos mientras experimentaba el sueño vital.

Esas reflexiones me conducen a admitir las afirmaciones de muchos filósofos cuando comentan que solo existe el aquí y el ahora: si en este presente mis obras tiene dificultades para ser leídas, el valor de la escritura se reduce a los momentos placenteros mientras las creo. ¿Si fuera así valdría la pena plasmarlas en folios o con solo pensarlas bastaría?

La otra noche tuve un sueño donde actualidad y episodios transcendentes se mezclaban y eran tan reales como el estar escribiendo esto. Cada vez tengo más dudas sobre la veracidad de la existencia y se acentúa mi convicción, de que todo significado escapa a nuestra pobre comprensión racional.

Sin embargo, también pienso que cada cosa posee su propio ritmo y debe de plasmarse desde el momento percibido sin preguntarnos otra cosa, pues para llegar a percepciones más avanzadas las referencias del pasado son necesarias.

Jostein Gaarder en una de sus obras señala que podemos ser los personajes de una novela, que se mueven en el mundo que nos rodea con todos sus misterios “incluido el universo”, que una mente superior está escribiendo. Esto me lleva a reflexionar sobre el tema y pienso que en esa supuesta realidad, cada personaje es  protagonista de una vida impuesta  y ella dura el tiempo que el autor considere conveniente. El mundo se puede acabar cuando los personajes desaparezcan o el escritor decida poner una página con un final relativo. Dentro de nuestra ignorancia todas las posibilidades tienen cabida.

En esta novela he querido reflejar integralmente las vidas de dos personajes que se mueven en la atmósfera de esa supuesta realidad llamada existencia, donde el amor en todas sus formas y épocas está presente.

 

Ser y poder ser – Libro. Nely García García. Texto Narrativo … recursosdidacticos.es/textos/texto.php?id=584 valoración en Amazon.

Al móvil de Alicia llegó un mensaje “un hombre había intentado ejercer la violencia, a las ocho de la tarde asamblea general para conocer las causas injustificadas de ese comportamiento en la sociedad vigente donde la violencia no existía”.

Alicia sintió curiosidad por saber más y decidió que no la seguiría por el móvil, si no que estaría presente.

Las aberraciones que existían en el año dos mil quince respecto a la violencia de género, y toda clase de violencia, allí no existían y por esa razón cuando alguien presenciaba algún indicio, toda la sociedad se ponía en movimiento. Alejandro no quiso acompañarla ese día por estar confortablemente leyendo en el jardín. Se respetaban las decisiones de cada uno de una forma natural y alegre.

La tecnología del transporte público estaba muy avanzada. Algunos coches se movían por espacio aéreo y otros por tierra, pero la energía que consumían ambos era eléctrica o algo similar que no generaba polución. Escogió el aéreo porque el pabellón de conferencias quedaba lejos. Pulsó una tecla de su móvil y a los dos minutos una especie de pájaro grande se posó delante de ella. Las puertas automáticas en el nacimiento de sus alas se abrieron. Alicia se introdujo en el interior; los asientos confortables estaban casi todos ocupados y una señal intermitente con resplandor amarillo le señaló un asiento libre. El artefacto se elevó por encima del transporte rodado, pero siguiendo el mismo trayecto de grandes avenidas. En tres minutos aterrizó delante de un pabellón impresionante por su originalidad y belleza, “una muestra más de que los mejores ocupaban todos los campos”, -pensaba-.

El interior era atractivo y confortable; la sala estaba en el primer piso, pero los asientos que formaban semicírculo se elevaban hasta el quinto. En la parte de abajo  y en un plató también semicircular tapizado el suelo de color azul, con sillas de estilo moderno alrededor de una mesa de madera noble, se encontraba un micrófono, y el conjunto ofrecía un aspecto agradable.

Ella se instaló en el asiento que otra señal con luz intermitente “esta vez de color verde” le indicó: se encontraba a la altura del segundo piso y en frente del asiento había un micrófono para hacer preguntas, o sugerencias si lo deseaba. El recinto se llenó con rapidez y el conferenciante un hombre de mediana edad y con semblante risueño hizo su aparición.

El hombre después de presentarse comenzó.

—En estos casos es necesario recordar la historia: como sabéis en las sociedades antiguas la violencia estaba presente en toda forma y lugar, mayoritariamente. Los principales motivos que la provocaban eran: el sentirse inferior, o pobre, el deseo de dominar a los débiles para ocultar su cobardía, (donde las mujeres, o niños, eran los más vulnerables) de posesión, o el consumo de alguna droga.

En nuestra sociedad nadie puede sentirse inferior porque todas las personas son valoradas por igual, independientemente de los trabajos que desarrollen: tampoco se pueden sentir pobres pues todos disfrutamos una situación de desahogo económico sin diferencias, y además: nosotros no consentimos ninguna clase de dominación, ni de posesión, pues todo pertenece al conjunto, ” ese proceder nos ha permitido el prosperar en casi todos los campos” digo “casi” porque existe uno en el que aunque hemos avanzado todavía no lo suficiente, “sobre el significado y origen de toda vida”, pero estamos en ello y como siempre un equipo compuesto por los mejores se está ocupando, y por último: en nuestra sociedad las drogas perjudiciales están prohibidas. ¿Qué motivos le han incitado a la violencia? Lo averiguaremos, pues como siempre un equipo especializado se pondrá manos a la obra para averiguarlo y ayudarle.

Todos aplaudieron.

El supuesto culpable estaba sentado en un lugar cercano al conferenciante, pero su persona estaba protegida por una pantalla especial, y el público solo podía escuchar su voz pero no identificarlo.

Con ternura el conferenciante pregunto.

—A ver muchacho ¿qué motivos te llevaron a ser violento?

El culpable parecía no estar muy seguro porque tardó unos segundos en responder y finalmente —dijo.

—Bueno yo salía con una chica de la cual estaba enamorado, y ayer me dijo que deseaba romper. Dentro de mí surgieron unas ganas incontrolables de golpearla. No lo logré porque ella supo esquivar los golpes, y pienso que fue mejor.

El conferenciante con su amabilidad —le preguntó.

—¿Sabes lo que es el amor?

—Creo que sí -contesto el muchacho-. yo siempre la tenía en mi mente y ocupaba todos mis pensamientos. Era algo que no podía controlar.

El conferenciante —añadió.

—Es lo que me temía: ese enamoramiento era habitual en las sociedades del pasado, es una obsesión que ronda la patología. ¡Tú no quieres a la muchacha! tenías deseo de poseerla y dominarla, cuando te rechazó la energía acumulada por el deseo emergió sin control. Si sintieras amor hacia ella la hubieses seguido queriendo después del rechazo. El amor es un sentimiento que surge y no pide nada a cambio por sentirlo, si lo que sientes fuera amor respetarías su decisión deseándole lo mejor y su felicidad también sería la tuya.

En la sala irrumpieron los aplausos y el conferenciarte —continuó.

—La armonía en la cual vivimos nos ha costado mucho esfuerzo el conseguirla, y no estamos dispuestos a retroceder. Este muchacho por razones que el equipo averiguará no se sentía bien en su piel (como se dice vulgarmente) y buscaba su bienestar de forma equivocada. Pienso que las personas con erudición en el tema lograrán que el muchacho encuentre el camino adecuado, y se sienta satisfecho por vivir. Pueden hacer sugerencias -dijo-

Una persona —afirmó.

—Creo que está en buenas manos.

Todos aplaudieron. El evento había finalizado.

Alicia comentó con Alejandro la conferencia, él le dijo que cuando se cansó de leer la había seguido por la pantalla (que todas las viviendas disponían para tales eventos). Los dos estaban de acuerdo en que el joven encontraría la paz necesaria, pues la capacidad del equipo estaba más que probada. Cuando una sociedad siente que los mejores ocupan todos los campos, y lo hacen por el deseo de ayudar puede estar satisfecha y tranquila.

Habían pasado muchos años y continuaban juntos: la relación era placentera y la compartieron con sus respectivos trabajos en el pasado, y de su jubilación actual, con momentos de ocio, y disfrutar de su hijo Agustín y de sus nietos. Hubo una época en que Alejandro padeció una enfermedad grave, “un tumor maligno” se había instalado en su cuerpo, pero el avance médico logró erradicarlo. Fueron unos meses de lucha y desasosiego, pero al final todo quedó en un susto. (En la otra realidad había fallecido). Como en toda relación rutinaria también existía algún contratiempo pasajero, que ellos solucionaban de forma natural, y sin drama pues sabían que en la convivencia algunas veces los comportamientos se alteraban por motivos insignificantes: el analizarlos en profundidad juntos, con la admiración mutua

que sentían y el amor, dejaba en segundo plano todo lo demás.

El hijo nació a los dos años de estar juntos y en la actualidad era un médico competente y apasionado por su trabajo. Su nieta Angelines seguía los pasos del padre y estaba a punto de terminar la carrera de medicina. David participaba en la vida política y sentía verdadera vocación. Ambos eran hijos de Raquel una enfermera encantadora que compartió doce años de su vida con Agustín. Cuando se dieron cuenta de que la relación se había enfriado, y la convivencia resultaba difícil, de común acuerdo y sin reproches se separaron amistosamente y ambos siguieron ocupándose de los hijos.

Raquel y Agustín, cuando se casaron creyeron estar enamorados y quizás lo estaban pero con el tiempo por razones diversas, la relación se enfrió y él se enamoró del físico y quizás de alguna otra cosa que desconocemos de una joven hermosa. Raquel aunque continuaba enamorada comprendió que el amor en pareja depende de dos, y aceptó la separación sin trauma.

En esa sociedad siempre había una solución económica, o de cualquier otro tipo, para que todos continuaran una vida armónica, pues todas las situaciones se abordaban con naturalidad y sin complejos.

Agustín fue el primero en rehacer su vida y unos años después también Raquel encontró una pareja estable. Ella trabajaba en un hospital muy sofisticado y de vanguardia, y su pareja lo hacía en un laboratorio. Como ya se comentó todos sentían placer en lo que hacían y se entregaban apasionadamente a su labor. Esa era la razón por la cual todo funcionaba rayando la perfección, no existía la competición, ni la ambición malsana por escalar puestos, pues si demostraban su